En concreto, la cotización de referencia en el mercado neerlandés TTF en el puerto de Róterdam ha llegado a rozar los 101 euros, en una escalada que refleja el impacto de la guerra con Irán y la creciente competencia internacional por los suministros energéticos entre Europa y Asia.
Estados Unidos permanece como principal proveedor del resto de países, mientras que Rusia sigue exportando gas a Europa de forma masiva pese a los planes para restringir estas compras por la guerra en Ucranoa.
El encarecimiento del gas se ha intensificado desde finales de septiembre cuando todavía quedaba lejos el invierno, pero es la época en la que los países consumidores llenan sus reservas estratégicas.
A comienzos de ese mes, el gas todavía cotizaba por debajo de los 70 euros por MWh, mientras que antes del estallido del conflicto entre Irán e Irak se movía en torno a los 30 euros. Antes de la guerra en Ucrania en 2022, el precio del gas se movía en niveles de 10 a 20 euros.
Qatar y competencia con Asia
El bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de hidrocarburos, ha reducido drásticamente las exportaciones energéticas desde Oriente Medio. Esta interrupción ha agravado la incertidumbre sobre el abastecimiento y ha impulsado los precios en los mercados internacionales.
Antes de la guerra, una quinta parte del gas natural licuado (GNL) comercializado en el mundo procedía de Qatar. Según los analistas, los envíos de este combustible a través del estrecho de Ormuz se sitúan ahora en torno a una cuarta parte de los niveles previos al conflicto.
La tensión sobre la oferta coincide, además, con una demanda elevada en Asia, que intensifica la competencia entre los compradores por asegurarse cargamentos de gas, clave para la calefacción pero sobre todo para los sistemas eléctricos basados en renovables como el español. El gas es la fuente principal de los ciclos combinados que dan equilibrio al sistema.








