Hablar de energía en Colombia ya no es una conversación exclusivamente técnica. Hoy es una conversación sobre bienestar, competitividad y futuro. En el marco del Congreso Naturgas 2026, que conmemoró los 30 años del gremio, quedó claro que el gas natural dejó de ser visto únicamente como un energético de transición para consolidarse como un habilitador del desarrollo humano y un eje estratégico dentro de la agenda energética del país.
Este cambio de narrativa refleja una realidad concreta. Garantizar energía no significa únicamente asegurar oferta o infraestructura. Significa garantizar calidad de vida.
Hoy, más de 36 millones de colombianos cocinan, se movilizan y desarrollan sus actividades diarias gracias al gas natural. En Colombia, este energético llega a más de 12 millones de hogares, especialmente de estratos 1, 2 y 3. También es fundamental para más de 226.000 comercios y 5.600 industrias que dependen de una fuente confiable y competitiva para operar.
Su impacto trasciende lo técnico. El gas natural contribuye a reducir la pobreza energética, mejora la calidad del aire y fortalece la salud pública. Por eso, más que una fuente de energíase ha convertido en un habilitador de bienestar y desarrollo social.
Sin embargo, este avance ocurre en medio de un contexto desafiante porque Colombia enfrenta una caída en reservas, una menor actividad exploratoria y una creciente dependencia de importaciones que aumenta la presión sobre la seguridad energética del país.
La discusión ya no gira únicamente alrededor de cómo avanzar en la transición energética. El verdadero desafío consiste en cómo hacerlo sin comprometer el acceso, la confiabilidad y la competitividad que necesitan los hogares y las industrias.
Esa conversación ocupó un lugar central durante el Congreso Naturgas 2026 y tuvo uno de sus momentos más relevantes durante el debate presidencial realizado junto a Noticias Caracol, Blu Radio, Ditu TV y los principales gremios del sector energético.
Los candidatos presidenciales Claudia López, Paloma Valencia, Sergio Fajardo y Roy Barreras participaron en una discusión que confirmó algo fundamental: la energía será uno de los temas decisivos para el futuro del país, para las elecciones de 2026 y para la agenda del próximo gobierno.
Más allá de las diferencias ideológicas, el debate dejó un consenso importante: Colombia necesita una política energética confiable, competitiva y de largo plazo.
Las discusiones abordaron temas como la autosuficiencia, la necesidad de recuperar la exploración, el fortalecimiento de la infraestructura y el impacto que tienen las decisiones regulatorias sobre los costos que asumen los ciudadanos y la industria.
También quedó en evidencia que el país enfrenta una coyuntura decisiva, pues la presión sobre las tarifas, la necesidad de garantizar abastecimiento y la urgencia de ejecutar proyectos estratégicos han convertido la energía en un asunto prioritario para el desarrollo económico y social.
A lo largo de los paneles técnicos y regulatorios del Congreso, la conversación convergió en una conclusión común: Colombia no enfrenta una escasez de recursos, sino una brecha en la capacidad de ejecutar proyectos y tomar decisiones a tiempo.
En ese contexto, surgieron tres prioridades fundamentales para asegurar el futuro energético del país:
La caída en la actividad exploratoria es una de las mayores alertas. Mientras hace una década el país perforaba más de 130 pozos al año, en 2025 la cifra cayó a apenas 31. Recuperar el ritmo exploratorio es esencial para reponer reservas y reducir la dependencia de importaciones.
Proyectos estratégicos como Sirius y el desarrollo del Piedemonte Llanero se consolidan como apuestas clave para garantizar el abastecimiento en el mediano y largo plazo. No obstante, su avance depende de decisiones institucionales más ágiles, particularmente en procesos de licenciamiento y consultas previas.
La infraestructura también ocupa un papel determinante porque contar con gas natural no es suficiente si el país no puede transportarlo de manera eficiente hacia los centros de consumo.
Actualmente, la red opera con márgenes cada vez más estrechos, aumentando la presión sobre decisiones relacionadas con expansión, modernización y nuevas conexiones. El consenso entre expertos fue contundente: si Colombia no acelera las inversiones en infraestructura, esta puede convertirse en el principal cuello de botella para garantizar suministro y competitividad.
Al mismo tiempo, el Congreso reafirmó el papel del gas natural como aliado estratégico de la transición energética.
La industria ha logrado reducir su huella de carbono en un 27,1%, demostrando que es posible avanzar hacia una matriz energética más sostenible sin poner en riesgo la estabilidad del sistema.
Además, el gas natural cumple una función esencial como respaldo para las energías renovables, que por su naturaleza intermitente requieren fuentes flexibles y confiables para garantizar continuidad en el suministro.
Esto refuerza una idea central que atravesó gran parte de las discusiones del Congreso: el gas natural no compite con la transición energética, la hace posible.
El contexto internacional también influyó en la conversación: Las tensiones geopolíticas, la volatilidad de los mercados energéticos y los cambios en las dinámicas globales aumentan la incertidumbre para países importadores como Colombia.
Las experiencias internacionales compartidas evidenciaron que los países que fortalecen su producción local y desarrollan infraestructura resiliente logran mayor capacidad de respuesta frente a choques externos.
Por eso, la seguridad energética debe entenderse como una construcción de largo plazo basada en decisiones oportunas, estabilidad jurídica y confianza institucional.
Ese fue, precisamente, uno de los principales llamados del Congreso Naturgas 2026. Colombia tiene los recursos, el talento técnico y la infraestructura base para garantizar su seguridad energética. El desafío consiste en transformar ese potencial en decisiones concretas.
Esto implica avanzar hacia una política energética de Estado que trascienda los ciclos políticos, fortalezca la inversión y permita ejecutar proyectos estratégicos con mayor agilidad.
Como lo señaló la presidenta de Naturgas, Luz Stella Murgas, el país necesita “anticiparse, acelerar decisiones y contar con una política energética de Estado que garantice confiabilidad, competitividad y estabilidad”.
Más allá de los debates técnicos y políticos, el gas natural emerge hoy como un punto de encuentro. Es el energético que conecta la transición energética con la realidad social del país. Permite reducir emisiones sin frenar el crecimiento económico y garantiza acceso a energía más limpia y asequible para millones de colombianos.
Desde las regiones productoras hasta los hogares, el gas natural une al país alrededor de un mismo objetivo: construir un futuro más sostenible y competitivo.
Porque garantizar energía no es solo una decisión técnica, es una responsabilidad con el presente y el futuro de Colombia.








