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Las reservas mundiales de este gas noble, fundamental para el funcionamiento de los escáneres de resonancia magnética y la fabricación de microchips, están bajo una presión sin precedentes debido a la alta concentración geográfica de su producción y a los conflictos geopolíticos recientes
La alarma por el suministro de helio no es nueva, pero ha alcanzado un punto crítico en 2026. Este elemento, el segundo más abundante en el universo, es extremadamente escaso en la Tierra y se obtiene como un subproducto del gas natural en unos pocos países, principalmente Estados Unidos, Catar y Rusia.
Su importancia estratégica es incuestionable. En el sector médico, el helio líquido es insustituible para enfriar los imanes superconductores de los equipos de resonancia magnética, que son los mayores consumidores de este gas a nivel mundial.
En la industria tecnológica, su alta conductividad térmica y su condición de gas inerte lo hacen vital para la refrigeración durante la fabricación de semiconductores, un proceso esencial para la producción de los chips que alimentan desde teléfonos móviles hasta sistemas de inteligencia artificial.
El principal factor de la crisis actual es la extrema volatilidad geopolítica. En marzo de 2026, un ataque durante el conflicto con Irán forzó el cierre de la producción en las instalaciones de Ras Laffan, en Catar, el segundo mayor productor mundial, que representa aproximadamente un tercio del suministro global.
Esta interrupción ha provocado una reducción de unos 5,2 millones de metros cúbicos de helio al mes. Como consecuencia, los precios en el mercado spot se han disparado más de un 100% y los proveedores se ven obligados a racionar el suministro, priorizando sectores críticos como la salud y los semiconductores y limitando el uso para aplicaciones menos esenciales.
El futuro del helio: nuevas fuentes, tecnologías de bajo consumo y reciclaje
Frente a este panorama de escasez estructural, la respuesta del mercado y la ciencia se ha centrado en tres frentes. El primero es la innovación tecnológica para reducir la dependencia.
En el ámbito sanitario, empresas como Philips o Siemens ya comercializan equipos de resonancia magnética que funcionan con sistemas sellados de microrefrigeración, los cuales requieren una cantidad de helio líquido ínfima (unos 7 litros) en comparación con los modelos tradicionales, que pueden necesitar hasta 1.500 litros, eliminando además la necesidad de recargas periódicas.
El segundo frente es la exploración de nuevas fuentes de extracción. La comunidad científica está investigando yacimientos de «helio libre de carbono» en la corteza terrestre, que no están asociados al gas natural, lo que podría ofrecer una fuente de suministro más limpia y geopolíticamente diversificada.
El tercer pilar es la economía circular. Actualmente, solo el 1% del helio consumido en Europa Occidental se recicla. Para cambiar esta situación, la Unión Europea se ha fijado el objetivo de reciclar al menos el 25% de sus materias primas críticas.
Fuente: Larazon







