Si en 2026 queremos hablar con seriedad de seguridad energética, competitividad y transición, necesitamos destrabar lo que hoy frena al sistema. Sin banderas políticas y con una agenda de país. Si lo miramos desde la competitividad, cuando el suministro se vuelve incierto o los precios no cierran, las industrias no esperan y reformulan sus decisiones. Este ajuste, con frecuencia, las lleva a usar energéticos coyunturalmente más económicos, pero más intensivos en emisiones. Una caldera que regresa al carbón, por ejemplo, puede emitir hasta 175 mil toneladas de CO2e, y cuando un hogar vuelve al cilindro de gas, también siente el golpe en su bolsillo. El costo de este retroceso lo pagamos todos, porque se debilita la competitividad y hace más difícil avanzar en nuestras metas ambientales.
Desde la perspectiva regulatoria, en el gas natural los costos se ven con claridad de principio a fin. En otros energéticos, como el GLP hay más espacio para mover precios entre usuarios, y eso puede terminar cambiando la demanda, no porque sean más eficientes, sino porque no todos compiten con las mismas reglas.
El punto no es ‘ganar un pulso’ entre fuentes de energía, es asegurar que el usuario reciba señales claras y sin distorsiones para que la competencia sea justa. En este panorama, no podemos perder de vista la confiabilidad. Hay infraestructura que no es un lujo, es una póliza para que el país no quede expuesto cuando cambian las condiciones. Proyectos como los de regasificación ayudan a garantizar el suministro en momentos críticos, pero requieren reglas claras para asignar costos y riesgos. Cuando estas reglas no son predecibles, la inversión se ralentiza y el sistema se vuelve más vulnerable. La confiabilidad del gas natural se construye antes de la crisis, con visión de largo plazo y marcos que den certidumbre.
La conversación que Colombia necesita en 2026 sobre el gas natural no debe basarse en señalamientos, sino en incrementar la oferta de gas del país, contar con un portafolio diversificado que garantice el suministro y sostenga la competitividad, reglas equilibradas que además se cumplan y la confiabilidad tratada como política de Estado. Por eso, este año el Congreso Naturgas será un espacio clave para poner estos cuellos de botella sobre la mesa, con evidencia, con propuestas y voluntad de acuerdos que sirvan como punto de partida para decisiones que vuelvan a darle fluidez a la avenida, porque llegar tarde siempre es más caro que corregir a tiempo.
Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas








