Cocinar con leña Foto: iStock
Vichada, Vaupés, Guainía y La Guajira registran las mayores incidencias de pobreza energética en Colombia.
Para millones de colombianos, la transición energética todavía no empieza en un parque solar ni en una central eléctrica: empieza en la cocina.
En el país, 4,2 millones de personas todavía cocinan en sus hogares con combustibles fósiles, una situación que hace parte de las brechas de acceso que enfrenta Colombia en su proceso de transformación energética.
El dato fue presentado por Jenny Lindo, contralora delegada para Economía y Finanzas Públicas. La funcionaria señaló que una transición acelerada permitiría avanzar en el cierre de brechas de acceso a la energía y de soluciones de cocción limpia.
El problema tiene una marcada dimensión territorial. De acuerdo con el Índice Multidimensional de Pobreza Energética, la incidencia de la pobreza energética en las zonas rurales es muy veces superior a la registrada en los grandes centros urbanos: alcanza 47,9% en el campo frente a 4,3% en las ciudades. El DNP recoge estas cifras del índice elaborado por Promigas.
Así, mientras en los principales centros urbanos el uso de combustibles ineficientes para cocinar representa una proporción reducida, en las zonas rurales y apartadas la dependencia de la leña y otros combustibles sigue siendo una de las expresiones de la pobreza energética.
La brecha se concentra en las zonas rurales
El mapa territorial muestra que el fenómeno no tiene la misma intensidad en todo el país. La incidencia más alta se encuentra en departamentos con dificultades de acceso geográfico y menor cobertura de infraestructura energética.
Vichada, Vaupés, Guainía y La Guajira aparecen entre los territorios con mayores niveles de afectación porcentual. A esto se suma la situación de departamentos como Córdoba, Magdalena, Bolívar, Nariño y Cauca, que concentran una parte importante de la población afectada por su tamaño poblacional.
La situación también se extiende por regiones de la Amazonía, el Pacífico y la Orinoquía, donde la utilización de madera o residuos para cocinar tiene una mayor presencia.
El contraste con las ciudades es amplio. Esto significa que la discusión sobre transición energética en los hogares está relacionada con la disponibilidad de infraestructura, los costos y las condiciones geográficas de cada territorio.
El uso de leña también tiene efectos sobre la salud de las familias. La exposición al humo generado por la combustión en espacios cerrados puede producir afectaciones respiratorias y pulmonares, con impactos especialmente relevantes para mujeres y niños. A nivel ambiental, la utilización de madera como combustible está relacionada con presiones sobre los bosques y con emisiones derivadas de su combustión.
El gas aparece como alternativa, pero hay barreras
En los hogares que todavía dependen de la leña, el gas natural y el gas licuado de petróleo, GLP, aparecen entre las alternativas para sustituir las cocinas tradicionales. Sin embargo, la cobertura de infraestructura, las distancias y los costos de distribución condicionan la llegada de estos servicios a los territorios más apartados.
En el caso del GLP, además, el acceso de los hogares de menores ingresos está vinculado con el esquema de subsidios. En junio de 2026, Gasnova en su momento alertó sobre retrasos en los pagos estatales y señaló que la deuda por estos recursos llegaba a $93.184 millones. Según el gremio, la situación ponía en riesgo el suministro para más de un millón de usuarios de estratos 1 y 2 en Nariño, Cauca, Putumayo, Amazonas y San Andrés.
El Ministerio de Minas y Energía, por su parte, mantiene programas y mecanismos relacionados con la sustitución de combustibles utilizados para la cocción. En su información oficial también aparecen resoluciones mediante las cuales se reconocen y ordenan pagos de subsidios para usuarios de GLP en cilindros.
La discusión sobre la cocción limpia, por tanto, está relacionada con la infraestructura disponible como con la capacidad de los hogares para acceder y mantener el servicio.
El reto se conecta con una agenda energética más amplia. La transición no solamente supone modificar la matriz de generación eléctrica, sino también cambiar las fuentes utilizadas por los hogares, el transporte y la industria.
En el caso del transporte, Lindo señaló que una transición hacia tecnologías más limpias podría tener efectos sobre la contaminación del aire. Según el escenario presentado, el cambio en este sector podría evitar hasta 100.000 muertes prematuras hacia 2050 asociadas con la contaminación atmosférica.
Más energía limpia también exige inversión
La transformación de los hogares es apenas uno de los componentes del proceso. Para avanzar hacia una economía con menores emisiones, Colombia tendría que aumentar las inversiones en energías limpias, incluso en un escenario menos ambicioso que el de carbono neutralidad.
Lindo explicó que, en cualquier escenario de expansión del sistema eléctrico, el crecimiento de la demanda obliga a multiplicar las inversiones. En uno de carbono neutralidad, las necesidades serían mayores y las inversiones en energía limpia tendrían que superar ampliamente las destinadas a combustibles fósiles.
“Colombia en todo caso necesita una multiplicación de las inversiones que se están haciendo en energías limpias para poder cumplir con ese crecimiento de la demanda energética”, sostuvo.
Una parte principal de esos recursos tendría que venir del sector privado. De acuerdo con la explicación presentada por la funcionaria, cerca de 80% de las inversiones requeridas en los escenarios analizados provendría de capital privado.
La expansión también exigiría infraestructura. En el escenario de cero emisiones netas a 2050, Lindo señaló que sería necesario duplicar la longitud de las redes eléctricas y aumentar de manera significativa la capacidad de almacenamiento.
A esto se suma la necesidad de contar con fuentes despachables de bajas emisiones, entre ellas la geotermia, para aportar flexibilidad al sistema.
La seguridad energética también tendría que ser considerada frente a los riesgos climáticos. El escenario analizado contempla un posible descenso de hasta 25% en la producción hidroeléctrica hacia 2050, asociado a factores climáticos, menciona.
Fuente: Portafolio








