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Egipto ha encontrado un nuevo argumento para intentar aliviar su crisis energética. La italiana ENI anunció este 7 de abril un descubrimiento relevante de gas en aguas egipcias del Mediterráneo oriental, dentro de la concesión de Temsah, una zona muy próxima a infraestructura ya existente.
La compañía calcula de forma preliminar que el pozo Denise W-1 contiene alrededor de 2 billones de pies cúbicos de gas, a los que se sumarían 130 millones de barriles de condensados, según los datos difundidos por ENI y por el Ministerio egipcio de Petróleo.
El detalle técnico que más interesa a la industria no es solo el tamaño del hallazgo, sino su ubicación. El pozo se encuentra a unos 70 kilómetros de la costa, en 95 metros de profundidad, y a menos de 10 kilómetros de instalaciones ya operativas.
El segundo gran hallazgo
Eso abre la puerta a un desarrollo relativamente rápido frente a otros proyectos offshore mucho más costosos o lentos. ENI y BP participan al 50% en el activo y lo operan a través de Petrobel, la ‘joint venture’ de ENI con la estatal egipcia EGPC.
El momento no podría ser más delicado para El Cairo. Egipto atraviesa una fuerte presión energética por el encarecimiento global del combustible y por la disrupción regional ligada a la guerra con Irán, que ha disparado el coste de sus importaciones.
El primer ministro Mostafa Madbouly afirmó en marzo que solo la factura mensual de importación de gas natural había pasado de 560 millones de dólares a 1.650 millones. En paralelo, el coste total de las importaciones energéticas se ha más que duplicado.
Ese deterioro ha obligado al Gobierno egipcio a tomar medidas incómodas. En las últimas semanas ha subido precios de electricidad para determinados consumidores, encarecido combustibles, ralentizado gasto público y limitado horarios de actividad comercial para contener la presión fiscal y energética.
Por eso este hallazgo se interpreta en Egipto casi como una bocanada de aire. No resolverá de golpe el problema, porque antes deben completarse pruebas, perforarse más pozos y levantarse una plataforma de producción, pero sí puede reducir parte de la dependencia exterior.
La noticia revive inevitablemente el recuerdo de Zohr, el gigantesco yacimiento descubierto por ENI en 2015, que disparó entonces las expectativas de autosuficiencia y de liderazgo gasista regional. Aquella promesa se enfrió después, en parte por la caída de la producción doméstica.
En los últimos años, Egipto ha intentado recolocarse más como centro regional de procesamiento y tránsito que como gran potencia exportadora neta. Sus plantas de licuefacción y su conexión con gas vecino siguen siendo piezas estratégicas para el Mediterráneo oriental y para Europa.
Hace apenas unas semanas, además, El Cairo y Apache anunciaron otro hallazgo, esta vez en el desierto occidental, con una producción esperada de 26 millones de pies cúbicos diarios. La nueva bolsa marina encaja así en una ofensiva más amplia para sostener la oferta interna.
La gran incógnita ahora no es tanto si el descubrimiento es importante, que lo es, sino cuándo podrá traducirse en gas real para el sistema egipcio. En plena guerra regional, con precios altos y cuentas públicas bajo presión, el calendario pesa casi tanto como el volumen hallado.
Fuente: elespanol








