La semana pasada se realizó en Cartagena el encuentro anual de Naturgás, el gremio del gas natural, donde quedaron en claro los enormes desafíos que enfrenta el sector. Esta industria, esencial para la vida diaria de 36 millones de colombianos y crucial en la transición energética, atraviesa un preocupante panorama que demanda acciones urgentes del Estado.
En primer lugar, es perentorio incrementar la oferta de este energético. Las reservas probadas de gas natural en Colombia vienen cayendo: en 2024 fueron de 2.064 gigapiés cúbicos, para un horizonte de 5,9 años. Esto implica una caída del 64 por ciento en 12 años. Lo paradójico es que existe un importante potencial en varias regiones del territorio nacional como Córdoba, Sucre, Cesar, Santander y los Llanos.
Ni hablar de la magnitud histórica de Sirius, el proyecto costa afuera más importante, que cuenta con recursos estimados de seis terapiés cúbicos. Es decir, lo equivalente a alrededor del 40 por ciento de la demanda total del país. Si bien Ecopetrol y Petrobras confirmaron que el desarrollo de este hallazgo está dentro del cronograma, persisten las preocupaciones por la ‘ruta crítica’ del licenciamiento ambiental.
En otras palabras, Colombia debe tomar la decisión de pisar el acelerador en cuanto a la exploración, explotación y producción de hidrocarburos, en particular gas natural, tanto en tierra firme como ‘off shore’. De 330 pozos que se exploraban en 2012, el 2025 cerró solo con 31. La ‘guerra’ del presidente Petro contra el sector petrolero ya ha generado demasiados costos fiscales y económicos, así como rezagos imperdonables en la transición energética. Dejar esta riqueza en el subsuelo es un lujo que la economía colombiana, las regiones productoras y las arcas públicas no puede seguir dándose.
Un segundo aspecto tiene que ver con los proyectos de infraestructura para la importación y el transporte. La pérdida de la autosuficiencia y la importación de un 20 por ciento de la demanda total ponen la mira sobre la necesidad de asegurar el abastecimiento. La prioridad está en destrabar las iniciativas, incluyendo las siete regasificadoras en curso, en materia de licencias, permisos, consultas y autorizaciones. Esto es, mejorar la seguridad jurídica y las reglas del juego para aumentar la confianza para las inversiones.
Estos avances cobran todavía más importancia si se tienen en cuenta la insuficiencia de la producción doméstica y la preparación de las térmicas para el siguiente fenómeno de El Niño. Cabe recordar que, en El Niño 2023-2024, el 30 por ciento de la energía eléctrica que consumió el país se generó con gas natural.
En tercer lugar, el gas natural constituye un energético fundamental para la calidad de vida de millones de hogares colombianos, así como para una movilidad más sostenible. Según el Índice Multidimensional de Pobreza Energética de Promigás, 8,1 millones de colombianos aún carecen del acceso a una fuente de energía adecuada y de calidad. Hay trabajo por hacer en esa dirección. En conclusión, más que diagnósticos, la ruta está trazada y queda, insistimos, pisar el acelerador.
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