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Alivio en los mercados energéticos, aunque los expertos aguardan detalles de cómo se concreta la reapertura de Ormuz
Tres meses y medio después de que se cerrara totalmente una de las principales arterias del sistema circulatorio global, el estrecho de Ormuz, el mundo aguarda expectante su reapertura. Un desbloqueo que debería llegar en poco tiempo, según contempla el acuerdo de paz con Irán anunciado por Estados Unidos y según ha comentado el presidente del país, Donald Trump, a través de redes sociales: “¡Que fluya el petróleo!”, aseguró en la red social Truth. En paralelo, la agencia iraní semioficial Fars apuntó que el tránsito será libre y gratuito durante 60 días.
Las expectativas de una normalización progresiva en el flujo mundial de transporte de energía provocan, así, fuertes caídas en el precio del petróleo y el gas, dos mercados sedientos después de lo que la Agencia Internacional de la Energía ha calificado como la mayor crisis energética de la historia. El brent cae casi el 5%, situándose por debajo de los 83 dólares el barril. Confirma una caída que empezó ya la semana pasada, cuando surgieron las primeras informaciones que apuntaban a una prórroga del alto el fuego que reabriría el estrecho de Ormuz, y acumula un descenso de casi el 25% en el último mes. El petróleo de referencia en Estados Unidos, el West Texas baja aún más y roza los 80 dólares.
El cierre de Ormuz, por donde circulaba el 20% del petróleo que se consume en el mundo, ha sacado del mercado entre 11 y 14 millones de barriles de petróleo diarios. Aunque Arabia Saudí y, en menor medida, Emiratos Árabes, han podido sortear el bloqueo vía oleoductos, infinidad de pozos han tenido que parar la producción. También se han deslomado los suministros de otros hidrocarburos como gas natural licuado —con mucho impacto en las economías asiáticas—, refinados como combustible de aviones o gasolinas, y otras materias como fertilizantes.
El mercado siempre ha tenido presente que un acuerdo era la solución más verosímil para un conflicto enquistado, pero el pacto ha tardado en cocinarse. El barril ha estado, así, sujeto a idas y venidas desde que, a mediados de marzo, quedara claro que Irán podía mantener cerrado Ormuz pese a su debilidad militar. En los peores momentos del conflicto, antes de que en abril las partes firmaran el alto el fuego, el brent cotizó en los 120 dólares, un 70% por encima de los niveles previos a la guerra. Desde entonces ha bajado el 30%.
Con todo, los expertos siguen siendo cautelosos. “Los mercados están descontando una caída del nivel de riesgo, no su desaparición”, explica Christian Schulz, economista jefe de Allianz Global Investors. Para Schulz, el alcance y el calendario del alivio de sanciones, la definición exacta de “libre tránsito” por el estrecho o el papel de Israel son aspectos que aún no están cerrados. “Incluso si se alcanza un acuerdo definitivo, su aplicación sigue planteando riesgos elevados, lo que podría dejar la seguridad regional más frágil que antes del conflicto”. Chris Weston, jefe de investigación de Pepperstone Group, asegura por su parte que “todavía necesitamos comprender qué significa el acuerdo”, según recoge Bloomberg. “Incluso con la apertura del estrecho prevista para el viernes, podría haber minas, y las aseguradoras pueden cobrar primas elevadas”.
Con todo, algunas dinámicas indican que los operadores se preparan para la normalización. El diferencial de precios entre los dos contratos de futuros más inmediatos ha bajado a menos de un dólar por barril brent. Este diferencial, que se denomina backwardation en la jerga financiera y es una señal de escasez de petróleo en plazos cortos (por eso es más caro el petróleo con la entrega más cercana), llegó a los 14 dólares en el peor momento de la crisis petrolera y arrancó mayo en siete.








