Diciembre es el mes en el que Colombia se reencuentra consigo misma. Las luces se encienden, las familias se reúnen alrededor de la mesa y los hogares se llenan de calor, conversación y esperanza. En medio de ese ambiente, hay una presencia silenciosa pero esencial que acompaña a millones de colombianos: la llama azul del gas natural.
Esa llama no solo cocina los alimentos de las novenas y las cenas de fin de año. También simboliza algo más profundo: progreso, equidad y un país que avanza cuando apuesta por lo que es suyo. Hoy, más de 36 millones de colombianos cuentan con gas natural en sus hogares, y cerca del 85% pertenecen a los estratos 1, 2 y 3. Es una energía que conecta, cuida y transforma vidas, especialmente en los territorios que más lo necesitan.
Energía que se siente en casa
En Colombia, el gas natural está presente en los momentos más cotidianos y significativos. Está en la olla que hierve el chocolate, en la estufa donde se preparan los buñuelos y en el fogón que reúne a la familia. Pero su impacto va mucho más allá de lo simbólico.
Hoy, el país cuenta con más de 11,9 millones de usuarios de gas natural, de los cuales más de 11,7 millones son hogares, además de comercios e industrias que dinamizan la economía local. Gracias a esta energía, millones de familias dejaron atrás la leña y el carbón, reduciendo la exposición al humo dentro de sus viviendas y mejorando de manera directa su salud y calidad de vida.
Aun así, el reto persiste. En Colombia, 1,6 millones de hogares todavía cocinan con leña y hacen parte de los 8,4 millones de personas que viven en pobreza energética. Por eso, el gas natural se consolida como la puerta de entrada de los hogares más vulnerables a la transición energética, permitiendo un acceso más limpio, seguro y confiable a la energía.
Un #ProductoPaís que construye equidad
El gas natural colombiano no tiene color político ni ideológico. No es de un gobierno ni de un sector en particular. Es patrimonio de todos los colombianos. Es un recurso que ha demostrado, durante décadas, su capacidad para cerrar brechas sociales y territoriales.
Hablar de gas natural es hablar de equidad. De llegar a municipios intermedios, zonas rurales y regiones apartadas donde otras soluciones energéticas aún no son viables. Es una energía que no excluye, que acompaña el desarrollo productivo y que permite que más hogares tengan condiciones dignas para vivir.
Por eso, en esta época de balances y agradecimientos, reconocer al gas natural como un verdadero #ProductoPaís es también reconocer el esfuerzo de una industria que trabaja todos los días para garantizar bienestar, competitividad y seguridad energética.
Seguridad energética: una decisión de país
La verdadera seguridad energética de Colombia no está solo en la infraestructura, sino en la capacidad de producir gas natural propio. Hoy, el país enfrenta un desafío clave: si no se incorporan nuevas reservas y proyectos de producción, la importación de gas natural podría aumentar al 26% en 2027 y superar el 50% en 2029.
Desde la industria, el mensaje ha sido claro y consistente: Colombia no tiene un problema de recursos, sino de decisiones. El país cuenta con un potencial identificado de hasta 34 terapies cúbicos en tierra y entre 70 y 100 terapies cúbicos en el mar Caribe. Sin embargo, proyectos detenidos, licencias demoradas y consultas sin plazos definidos impiden que ese potencial se convierta en reservas efectivas.
Apostarle al gas natural propio es apostar por la soberanía energética, por precios más estables y por una transición energética ordenada y realista. Es una decisión estratégica que impacta directamente el bienestar de los hogares y la competitividad del país.
Gas natural y transición energética: un camino responsable
La transición energética no puede ser abrupta ni excluyente. Debe ser justa, técnicamente sólida y socialmente responsable. En ese camino, el gas natural cumple un rol clave como energía de respaldo, como complemento de las fuentes renovables y como habilitador de nuevas soluciones como el biogás, el biometano y el hidrógeno.
Además, el gas natural permite reducir emisiones frente a energéticos más contaminantes, mejorar la calidad del aire y avanzar en la reducción de la pobreza energética. Por eso, hablar de transición energética en Colombia es también hablar de gas natural como un aliado indispensable.
En diciembre agradecemos por lo que nos conecta
Diciembre invita a hacer una pausa, a mirar atrás y a reconocer lo que hizo posible avanzar. En miles de hogares colombianos, la llama azul estuvo presente durante todo el año: acompañando las rutinas diarias, cuidando la salud de las familias, impulsando pequeños negocios y sosteniendo actividades esenciales para la vida y la economía.
Detrás de esa llama hay una industria que no se detuvo. Que invirtió, amplió redes, llegó a nuevos territorios, fortaleció la seguridad del sistema y trabajó para que millones de personas tuvieran acceso a una energía más limpia, confiable y asequible. Una industria que, incluso en contextos complejos, siguió apostándole al país y a su gente.
Por eso, este cierre de año es también un momento para agradecer. Hoy, #GraciasAGasNatural, millones de colombianos viven mejor, cocinan sin humo, reducen brechas y tienen una base más sólida para progresar. Agradecer es reconocer que esta energía ha sido, y seguirá siendo un motor silencioso de bienestar, equidad y desarrollo.
La llama azul que nos acompaña en diciembre es la misma que debe guiarnos en las decisiones de largo plazo. Porque proteger y desarrollar el gas natural colombiano es, en esencia, apostarle al futuro de todos.








