“Todo lo que necesitamos, la Tierra nos lo da, y eso en sí mismo es un milagro”. Esa reflexión de la astronauta Christina Koch, en el marco de la misión Artemis II, nos permitióplantear una idea central durante el Congreso Naturgas 2026: los recursos existen, pero no se convierten en bienestar por sí solos. Nuestro planeta, es una tripulación, compartimos un destino común y una responsabilidad colectiva. En materia energética, esa responsabilidad se traduce en una pregunta concreta ¿estamos tomando las decisiones necesarias para garantizar el abastecimiento de gas natural en Colombia?
La respuesta, a la luz de lo discutido durante el Congreso, exige realismo. Colombia perdió la autosuficiencia en gas natural y está en un momento clave para diversificar sus fuentespara garantizar el suministro, en un contexto donde la producción local cae, las reservas se reducen y la actividad exploratoria se ha desacelerado de forma significativa. Sin embargo, el punto de fondo no es la escasez de recursos. Es la falta de ejecución. Este congreso fue clave para reiterar que Colombia cuenta con un potencial amplio de gas natural tanto en áreas continentales como costa afuera, tiene proyectos identificados y una hoja de ruta construida con el apoyo del sector; lo que no ha logrado es que esas capacidades se traduzcan en producción efectiva a la velocidad que el país necesita.
Hoy este desfase ya tiene consecuencias tangibles. El sector industrial, que representa cerca del 30% de la demanda nacional de gas, ha comenzado a sustituir este energético por opciones más contaminantes y menos eficientes, generando solo en el último año cerca de 164 mil toneladas adicionales de CO2. Más allá del impacto ambiental, esto evidencia un retroceso en la competitividad y es una señal preocupante para la transición energética, cuando el gas natural pierde espacio para las industrias, lo que entra no siempre es más limpio ni más eficiente.
La referencia a la misión Artemis II no es casual. La humanidad no está improvisando su llegada a la Luna, está construyendo, con años de anticipación, las condiciones para habitar otros planetas. Esta misma lógica debería aplicarse a la gestión energética del país. Garantizar el abastecimiento de gas natural para más de 36 millones de colombianos,es una labor que exige planificación rigurosa, coordinación institucional y, sobre todo, ejecución oportuna.
El Congreso Naturgas 2026 dejó un consenso claro en este sentido, es urgente destrabar los cuellos de botella que hoy frenan el desarrollo de proyectos estratégicos. Licencias, consultas, infraestructura de transporte y decisiones regulatorias siguen avanzando a un ritmo que no corresponde con la urgencia del sistema, prolongando innecesariamente la vulnerabilidad energética del país. Porque la seguridad energética no puede seguir tratándose como un tema sectorial; es, cada vez más, un asunto de Estado que impacta la competitividad, la estabilidad de precios y el bienestar de los hogares.
La lección es clara. Colombia tiene gas, tiene el potencial y tiene la oportunidad de aprovecharlo. La diferencia entre hacerlo o no, no se encuentra en el subsuelo, sino en la capacidad de ejecutar. Porque, al final, la seguridad energética como la exploración espacial no depende de lo que proyectamos, sino de lo que somos capaces de hacer realidad.








