América Latina atraviesa una transformación energética marcada por dos grandes fuerzas: la urgencia climática y la necesidad de garantizar acceso confiable a la energía para millones de personas. En ese equilibrio desafiante entre sostenibilidad, seguridad y competitividad, el gas natural se consolida como un aliado estratégico para la región. Y Colombia, por su infraestructura, ubicación geográfica y experiencia en expansión de cobertura, tiene hoy la oportunidad de posicionarse como un verdadero hub energético regional.
El debate ya no es si el gas natural tiene un rol en la transición energética, sino cómo aprovecharlo para integrar mercados, reducir las variabilidades climáticas y cerrar brechas sociales, sin comprometer los objetivos ambientales de largo plazo.
La inversión energética en la región es una oportunidad que no puede desaprovecharse
El informe World Energy Investment 2024 de la Agencia Internacional de Energía (IEA) muestra que cerca del 55% de la inversión energética en América Latina y el Caribe se concentra en gas natural y petróleo. Esta cifra revela una realidad contundente: la región está apostando por energéticos que pueden ofrecer confiabilidad, flexibilidad y cobertura en el corto y mediano plazo.
Cuando esta inversión se canaliza de manera estratégica, como lo ha hecho Colombia al ampliar el acceso al gas natural, se convierte en una herramienta poderosa para avanzar en la transición energética sin excluir a los más vulnerables. El gas natural no solo reduce emisiones frente a combustibles más contaminantes, también permite llevar energía a hogares, industrias y territorios que históricamente han estado rezagados.
Clima extremo y resiliencia energética: lecciones recientes
Las sequías extremas registradas en países como Brasil y Colombia durante 2024 evidenciaron una vulnerabilidad estructural del sistema eléctrico regional. La caída en la generación hidroeléctrica obligó a recurrir de forma intensiva a la generación térmica a gas natural para garantizar el suministro.
Estos episodios no son excepcionales. Son una señal clara de un futuro con mayor variabilidad climática, que exige sistemas energéticos capaces de responder con rapidez y confiabilidad. En este contexto, el gas natural —y especialmente el gas natural licuado (GNL)— emerge como un activo estratégico por su capacidad de almacenamiento, flexibilidad operativa y respuesta ante emergencias.
GNL como la nueva geopolítica energética de América Latina
Se espera que el suministro global de GNL crezca un 5% en 2025, impulsado por grandes proyectos internacionales, varios de ellos con participación latinoamericana. Países como Colombia, Brasil, México y Trinidad y Tobago están ampliando su infraestructura de importación y licuefacción, no solo para atender la demanda local, sino para incorporarse de forma más activa en los mercados energéticos globales.
Hoy, América Latina cuenta con infraestructura de GNL en 11 países, con 22 terminales operativas o en desarrollo. México lidera con siete terminales, seguido por Brasil, Argentina, Chile y Colombia, mientras nuevas instalaciones avanzan en El Salvador y República Dominicana. Esta red constituye una plataforma sólida para fortalecer e impulsar la seguridad energética regional y avanzar hacia una mayor interconexión.
El caso de Colombia: infraestructura, experiencia y cobertura como ventaja competitiva
Colombia se destaca en la región por su alta penetración del servicio de gas natural, alcanzando a más de la mitad de los hogares del país, en niveles comparables con Argentina y superiores a países como Perú, México y Brasil.
Solo en 2024, 384.000 nuevos usuarios se conectaron al servicio de gas natural por red, un crecimiento del 3,5% frente a 2023. Desde 2020, el país ha sumado 1,77 millones de hogares, lo que representa un incremento del 18% en el número de suscriptores, con un promedio cercano a 296.000 nuevas conexiones por año.
Esta experiencia convierte a Colombia en un referente regional en política pública, regulación e implementación de infraestructura, con aprendizajes valiosos para otros países que buscan cerrar brechas energéticas sin dejar de priorizar la sostenibilidad.
Proyectos estratégicos en Colombia, de la visión nacional a la integración regional
El fortalecimiento del rol de Colombia como hub energético se sustenta en una agenda concreta de proyectos estratégicos que apuntan a garantizar el abastecimiento y aumentar la flexibilidad del sistema.
En exploración y producción, destacan desarrollos como Arrecife, Floreña y La Belleza, y el proyecto offshore Sirius, el hallazgo más relevante de la última década. Con reservas estimadas en 6 terapies cúbicos, Sirius podría aportar cerca del 45% de la demanda nacional hacia 2030, convirtiéndose en un pilar para la autosuficiencia y la estabilidad nacional y regional.
En infraestructura de GNL, la ampliación de la planta de Cartagena (SPEC) y el desarrollo de la planta de regasificación de Buenaventura fortalecen la capacidad del país para responder a contingencias climáticas, atender la demanda no térmica y articularse con mercados internacionales.
A esto se suma una red de proyectos de transporte (bidireccionalidades y reconversiones de gasoductos), que actúan como verdaderas carreteras energéticas, integrando regiones productoras, centros de consumo y puntos de importación.
Integración regional y licencia social: el desafío del futuro
El auge de los proyectos de GNL y gas natural en América Latina abre una oportunidad histórica para avanzar hacia una visión regional enfocada en seguridad energética. Sin embargo, persisten algunos desafíos: demoras en licencias ambientales, desafíos logísticos y falta de coordinación institucional.
Más allá de lo técnico, el mayor reto es social. La legitimidad de estos proyectos dependerá de su capacidad para generar bienestar tangible, impulsar el desarrollo territorial, formar talento local y mejorar el acceso a servicios públicos. La transición energética en la región no será solo tecnológica; será profundamente social.
Colombia como puente energético de América Latina
Colombia cuenta hoy con elementos para consolidarse como un hub energético regional: infraestructura, experiencia en expansión de cobertura, proyectos estratégicos y una ubicación geográfica privilegiada. Aprovechar esta oportunidad exige decisiones coherentes, visión de largo plazo y articulación regional.
El gas natural no es una solución transitoria sino un habilitador de la integración energética latinoamericana, un puente entre el presente y el futuro, y una herramienta clave para garantizar que la transición energética sea segura, inclusiva y sostenible.
Porque integrar la energía es integrar el desarrollo. Y Colombia está llamada a liderar ese camino junto con el apoyo de los países de la región.








