El año 2025 dejó una gran lección para Colombia: garantizar la seguridad energética del país debe ser una prioridad sustentada con base en decisiones oportunas, inversión sostenida y una visión de largo plazo que ponga en el centro el bienestar de las personas. En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad de precios y fenómenos climáticos extremos, el balance del último año confirma que el gas natural es un pilar estratégico para el país y que 2026 debe ser el punto de inflexión para transformar los desafíos en soluciones soberanas de largo plazo.
Hoy, más de 36 millones de colombianos, la mayoría pertenecientes a los estratos 1, 2 y 3, dependen del gas natural para cocinar, movilizarse de manera sostenible, atender de manera ininterrumpida sus negocios, generar electricidad y sostener la la producción en muchas industrias. Garantizar que ese bienestar no esté condicionado por factores externos ni coyunturas internacionales es, más que un objetivo exclusivo de la industria es una decisión de país.
El año 2025 nos deja un balance con mensajes claros
El año que termina evidenció la fortaleza y, al mismo tiempo, los desafíos del sistema energético colombiano. Por un lado, según cifras del Informe Económico 2024 de Naturgas, la industria del gas natural demostró su compromiso con el país aportando USD 817 millones en inversión, más de USD 18 millones en inversión social, COP 3,3 billones en impuestos y regalías. También contribuyó con avances ambientales contundentes, como la reducción del 27,1% de las emisiones de GEI y la mitigación de 27 millones de toneladas de CO₂.
Estos resultados confirman que el gas natural es un verdadero #ProductoPaís: impulsa el desarrollo económico, mejora la calidad del aire, fortalece a las comunidades y acompaña la transición energética con hechos, no con discursos.
Sin embargo, el año anterior también mostró un sistema operando sin margen de maniobra. La producción nacional cayó, las reservas probadas disminuyeron y la dependencia del gas natural importado pasó de ser solo un respaldo a convertirse en una base estructural del suministro. En algunos momentos, hasta el 20% del gas natural consumido provino del exterior, exponiendo al país a precios internacionales más altos y a mayores costos para hogares e industrias.
El mensaje es claro: Colombia no enfrenta una falta de recursos, sino una brecha entre el potencial disponible y la velocidad de ejecución.
El gas natural demostró ser estabilidad en medio de la incertidumbre
Durante el fenómeno de El Niño 2023–2024, el gas natural llegó a aportar hasta el 30% de la energía diaria del país, alcanzando picos históricos de uso de infraestructura. Este desempeño ratifica su rol como un energético confiable, capaz de respaldar el sistema eléctrico cuando las fuentes renovables enfrentan limitaciones climáticas.
Además, su impacto social es innegable. Cada nuevo hogar conectado significa menos pobreza energética, menos enfermedades respiratorias asociadas al uso de leña y más tiempo para el desarrollo y progreso de las familias. Aun así, 1,6 millones de hogares siguen cocinando con combustibles altamente contaminantes, una brecha que exige soluciones inmediatas.
2026 es un llamado a la acción
Si 2025 fue el año del diagnóstico, 2026 debe ser el año de la ejecución. El país cuenta con una hoja de ruta para recuperar la soberanía energética y reducir la exposición a riesgos externos. Las metas están definidas y requieren decisiones concretas.
Aumentar la producción nacional de gas natural
Proyectos como Arrecife, Floreña y La Belleza pueden aportar moléculas nacionales en el corto plazo, mientras que el desarrollo de Sirius, el hallazgo offshore más importante de la última década representa la gran apuesta estratégica para el mediano y largo plazo. Convertir estos recursos en producción efectiva es clave para recuperar la autosuficiencia.
1. Fortalecer la infraestructura de respaldo
La ampliación de la planta de regasificación de Cartagena (SPEC) y la entrada en operación de la planta de Buenaventura permitirán garantizar flexibilidad y confiabilidad al sistema, especialmente para atender hogares, comercio e industria en todo el territorio nacional.
2. Conectar regiones y oportunidades
Las bidireccionalidades y la reconversión de infraestructura existente, como el Oleoducto de Colombia (ODC), son esenciales para que el gas natural llegue donde se necesita. La infraestructura de transporte es la columna vertebral de la seguridad energética del país.
3. Actualizar la regulación para habilitar inversión
Un marco regulatorio moderno, que permita contratos de largo plazo y refleje la realidad del sistema, es indispensable para atraer e incentivar la inversión, reducir costos y garantizar sostenibilidad. Pasar de la incertidumbre a la confianza es una condición habilitante para el futuro energético.
Una transición energética con bases firmes
El gas natural no compite con la transición energética, la hace posible. Pues gracias a su aporte a la mejora de la calidad del aire, sus bajas emisiones y su capacidad de integrar gases renovables como el biogás, el biometano y el hidrógeno lo consolidan como un aliado estratégico para una transición ordenada, equitativa e inclusiva.
En 2026, el reto no es elegir entre sostenibilidad y seguridad, sino avanzar en ambas direcciones al mismo tiempo. Apostar por el gas natural es apostar por una energía que contribuye a proteger el clima, el progreso y el bienestar de millones de colombianos.
Una decisión que define el futuro
Convertir los desafíos energéticos en soluciones soberanas de largo plazo exige visión, articulación institucional y acción inmediata. Colombia tiene los proyectos, el talento y los recursos, lo que está en juego es la capacidad de ejecutar con sentido de urgencia y responsabilidad.
Reafirmamos el compromiso de seguir impulsando el diálogo técnico, la toma de decisiones basadas en evidencia y la construcción de una agenda energética que ponga a las personas en el centro. Garantizar que el bienestar de 36 millones de colombianos no dependa de coyunturas ni factores externos es una tarea colectiva y un propósito común.
2026 puede ser el año en que Colombia consolide su seguridad energética con soluciones propias, sostenibles y de largo plazo.








