Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas
El gas natural ha sido, por décadas, el aliado silencioso pero contundente del progreso industrial en Colombia. Ha permitido que sectores fundamentales como el de alimentos, cemento, papel, vidrio y metalurgia no solo produzcan con altos estándares de calidad, sino que lo hagan reduciendo drásticamente su impacto ambiental al sustituir combustibles mucho más contaminantes como el carbón y el fuel oil. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un llamado de alerta, a un punto de inflexión que nos invita a reflexionar profundamente sobre el rumbo de nuestra seguridad energética y la sostenibilidad de nuestro aparato productivo.
La estrechez actual en la oferta de este recurso estratégico ya está pasando una factura visible a nuestro entorno. Durante el último año, la industria nacional se vio en la necesidad de sustituir cerca de 38,6 GBTUD de gas natural por otras fuentes de energía.
Este cambio, motivado por circunstancias coyunturales, trajo consigo una consecuencia directa y preocupante: un aumento cercano a 164 mil toneladas adicionales de CO₂ equivalente al año.
Un cambio en la matriz energética industrial
El sector industrial concentra aproximadamente una tercera parte de la demanda nacional de gas natural. Este dato refleja la enorme dependencia y la confianza que el tejido empresarial ha depositado en este energético limpio para mantener su competitividad. A pesar de esta trayectoria de descarbonización, entre el año 2025 y enero de 2026, las industrias dejaron de comprar cerca de 38 GBTUD de gas natural. Esta cifra equivale nada menos que al 16% de la demanda industrial no regulada.
Las empresas se vieron impulsadas a migrar hacia otras fuentes de energía que, si bien resultaban coyunturalmente más económicas en el corto plazo, arrastran un impacto ambiental significativamente mayor. La distribución de esta sustitución energética se dio de la siguiente manera: un 50% se trasladó hacia el GLP, un 23% migró hacia el carbón, un 12% se enfocó en el bagazo, un 10% optó por el fuel oil y solo un 5% se dirigió hacia la electricidad. Esta recomposición del consumo energético industrial ha encendido las alarmas de los expertos.
El impacto real en las emisiones y el aire
Las consecuencias de este giro no se han hecho esperar en las mediciones ambientales. Como resultado directo de la sustitución del gas natural, las emisiones industriales escalaron de forma alarmante hasta alcanzar cerca de 997 mil toneladas de CO₂ al año.
Esto representa las ya mencionadas 164 mil toneladas adicionales frente al escenario ideal en el que se hubiera logrado mantener el consumo continuo de este energético.
Pero el desafío va más allá del calentamiento global. Además del incremento en las toneladas de CO₂, este cambio en la matriz de las fábricas incrementa la emisión de contaminantes que deterioran la calidad del aire que respiramos todos los colombianos. Es una transformación que afecta la competitividad, compromete las metas climáticas del país y nos recuerda que las decisiones energéticas tienen repercusiones inmediatas en el bienestar social.
Un retroceso silencioso en la transición
Ante este panorama, las voces de liderazgo sectorial hacen un llamado urgente a la acción y a la búsqueda de soluciones estructurales. “Estamos viendo un retroceso silencioso en la transición energética del país. Durante décadas el gas natural permitió que la industria colombiana fuera más limpia y competitiva. Hoy la pérdida de autosuficiencia en gas está obligando a migrar hacia combustibles más contaminantes”, afirmó Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas.
Esta declaración desnuda una realidad ineludible: la autosuficiencia no es solo un concepto económico, es la garantía de un desarrollo sostenible en el tiempo.
Para la asociación, incrementar la oferta de gas natural debe ser una prioridad nacional, lo que implica viabilizar de forma decidida tanto las fuentes locales como las externas. Solo así se podrá garantizar un suministro que sea, al mismo tiempo, confiable y competitivo para todo el sector productivo de la nación.
Pregunta para el lector
Si las decisiones de rentabilidad a corto plazo chocan con la sostenibilidad del planeta, ¿qué rol deberíamos asumir desde el liderazgo empresarial para garantizar que el progreso de nuestros negocios no detenga la transición energética del país? ¡Queremos leer tus propuestas e ideas en los comentarios!
Fuente: Portafolio








